Todas las personas tenemos inquietudes. Estas inquietudes pueden ser sobre el trabajo, las relaciones, la familia, el dinero, la salud, el cuerpo, la vida, los deseos, los objetivos, los sueños, el mundo, las emociones, el conocimiento, nosotros mismos, etcétera.

Junto a estas inquietudes se manifiesta un impulso esencial por querer cuidarse, cultivarse, conocerse, transformarse, crecer interiormente, suprimir el sufrimiento, ser felices, tener éxito, amarse a uno mismo, estar sano, resolver situaciones, etcétera.

Para hacer esto posible, para hacer cosas con el fin de colmar estas inquietudes tan íntimas las personas nos adentramos en un mercado que nos ofrece una gran cantidad de técnicas, estilos de vida, visiones del mundo, teorías, prácticas, ejercicios, métodos, etcétera.

El cultivo de uno mismo

Desde años inmemoriales el ser humano ha establecido una relación de sí mismo consigo mismo por la cual este busca cuidarse, cultivarse, conocerse, en definitiva, atender y resolver sus inquietudes.

Michel Foucault, extraordinario filósofo francés de la segunda mitad del siglo XX y profundo estudioso de este fenómeno, data en el Alcibíades de Platón el primer texto donde se manifiesta de manera explícita la inquietud del sí mismo, en una relación consigo mismo, con el fin de conocerse, de cuidarse, de cultivarse. El joven Alcibíades estaba inquieto por saber cómo ocuparse de sí mismo para así ocuparse debidamente de los otros a quienes tenía que gobernar.

Esta inquietud humana es como una música, como una voz, como un sentimiento, como una inquietud esencial, que nos convoca, que nos viene de adentro de una forma natural y espontánea y que nos invita a ocuparnos de nosotros, a cuidar de uno mismo, a transformarse, a conocerse a sí mismo y a los otros.

Desde esta llamada al autoconocimiento, al cuidado, al cultivo de sí, en cualquiera de sus expresiones (a cada uno le suena su música), deseamos manejar las inquietudes que aparecen en nuestra conciencia, en nuestra experiencia, en nuestras vivencias, a partir de los conocimientos, los pensamientos, las emociones, los objetivos, las herramientas e incluso el momento histórico y cultural en el que estamos inmersos.

Esto ha ocurrido en todas las culturas, desde la Grecia Arcaica e incluso antes, pasando por la Grecia Clásica, Roma, el cristianismo, el renacimiento y la modernidad hasta la actualidad, donde el ser humano, al son de esta música interior, de este sentimiento de cuidado de uno mismo, ha desarrollado prácticas, técnicas y experimentado vivencias encaminadas a resolver sus dudas e inquietudes.

Hoy se está dando en nuestra cultura un boom de experiencias destinadas a colmar los deseos más íntimos del yo en cuanto a su necesidad de cuidar de sí mismo a través de la búsqueda de la felicidad, el querer evitar el sufrimiento, el cuidado de la salud, la autorrealización, el éxito profesional, etcétera.

En este contexto cultural actual del cuidado de sí, el asesoramiento filosófico es una forma, una metodología, una técnica muy útil para afrontar con éxito experiencias de relación de uno mismo consigo mismo encaminadas a resolver inquietudes personales a través del autoconocimiento, el cultivo y el cuidado de uno mismo mediante, principalmente el diálogo filosófico, mayéutico, socrático u ontológico.

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